Rufino Aguilera. Tampico
El presidente de la Comisión de Educación del Cabildo respalda analizar límites al uso de teléfonos en planteles, pero plantea que las reglas deben considerar también el uso educativo de la tecnología y la participación de las familias.
La posible aplicación de restricciones al uso de teléfonos celulares en escuelas podría enfrentar resistencia de algunos padres de familia, debido a que son ellos mismos quienes proporcionan los dispositivos a sus hijos, consideró el regidor de Tampico y presidente de la Comisión de Educación del Cabildo, Rogelio Pérez Lara.
El edil respaldó la discusión sobre establecer límites al uso de celulares dentro de los planteles, al considerar que estos dispositivos pueden convertirse en una fuente de distracción y también ser utilizados para grabar peleas, situaciones que involucren a docentes o videos realizados en espacios privados de las escuelas.
La propuesta, explicó, deberá analizarse en los Consejos Técnicos Escolares, donde docentes y autoridades educativas podrán discutir las condiciones para establecer reglas sobre el uso de estos dispositivos.
Pérez Lara manifestó su respaldo a la iniciativa impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y consideró necesario comenzar a establecer criterios antes de que el uso de los teléfonos dentro de las escuelas genere mayores dificultades para la convivencia y el proceso educativo.
“Yo la veo con buenos ojos, porque de unos años para acá nos hemos visto cómo se ha generado el uso de los celulares en la escuela”, expresó.

El reto: establecer límites sin eliminar la tecnología
El regidor consideró que una eventual regulación no necesariamente tendría que significar eliminar por completo la tecnología de las aulas.
Planteó que los dispositivos podrían utilizarse bajo supervisión docente cuando tengan una finalidad educativa y formen parte de las actividades de aprendizaje.
En ese escenario, herramientas como tabletas u otros dispositivos podrían emplearse de manera controlada, mientras que los teléfonos personales permanecerían restringidos durante determinados momentos de la jornada escolar.
La diferencia es relevante porque el debate no se limita a permitir o prohibir los celulares, sino a establecer cuándo, para qué y bajo qué condiciones pueden utilizarse dentro de los planteles.
Padres de familia, parte central de la discusión
Pérez Lara reconoció que uno de los principales obstáculos para aplicar restricciones podría encontrarse precisamente en la respuesta de los padres de familia.
Señaló que muchas veces son los propios adultos quienes proporcionan los teléfonos a sus hijos, por lo que consideró necesario que las familias conozcan los objetivos de cualquier regulación y participen en su discusión.
El regidor llamó a los padres a valorar si el uso permanente de estos dispositivos dentro de las escuelas contribuye realmente al aprendizaje o si, en determinados contextos, genera problemas de convivencia y distracción.
Peleas, grabaciones y convivencia escolar
Entre los argumentos expuestos por el edil se encuentran situaciones en las que los teléfonos han sido utilizados para grabar peleas entre estudiantes, conflictos relacionados con docentes o imágenes obtenidas en espacios como los baños escolares.
Estos casos plantean además un problema que va más allá de la distracción en el aula: el uso de teléfonos puede involucrar privacidad, exposición de menores, violencia digital y difusión de imágenes sin consentimiento.
Sin embargo, para dimensionar la magnitud del problema sería necesario contar con datos oficiales sobre cuántos casos de este tipo se han registrado en escuelas de Tampico y qué protocolos aplican actualmente las autoridades educativas.
Una regulación que aún requiere reglas claras
La discusión sobre limitar celulares plantea varios aspectos que deberán resolverse antes de aplicar una medida generalizada.
Entre ellos se encuentran las excepciones para situaciones de emergencia, la comunicación entre madres, padres y estudiantes, el uso de dispositivos por razones médicas, las necesidades específicas de alumnos con discapacidad y los mecanismos para resguardar los teléfonos cuando su uso esté restringido.
También será necesario determinar quién vigilará el cumplimiento de las reglas, qué ocurrirá cuando un estudiante las incumpla y cómo se evitará que las medidas terminen afectando de manera desproporcionada a determinados alumnos.
Pérez Lara sostuvo que establecer límites puede evitar que el problema se vuelva más difícil de controlar en el futuro.
“Lo bueno es empezar a poner límites para que no en un futuro sea todavía más difícil”, puntualizó
El debate no debería reducirse a celulares sí o celulares no. El verdadero desafío consiste en establecer reglas que protejan a estudiantes y docentes, preserven la privacidad y convivencia escolar y, al mismo tiempo, permitan aprovechar la tecnología cuando realmente contribuya al aprendizaje.


