• 22 de abril de 2026 12:43 pm
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«Juntas en Movimiento»: Periodistas tamaulipecas corren contra la violencia de género

PorREALIDADESMX

Mar 15, 2026

Por Lidia Rita Bonilla Delgado/RealidadesMx

La Red de Mujeres Periodistas del Sur de Tamaulipas demostró este domingo que la pluma y las zapatillas de correr pueden ir de la mano. Con la primera edición de la carrera «Juntas en Movimiento por la mujer y la familia» , el colectivo logró lo que muchos buscan: bajar el discurso del papel y llevarlo a la calle, a la orilla de la laguna del Carpintero en Tampico.

¿Qué la hizo diferente? No fue una carrera de élite. Fue un movimiento familiar. Entre los participantes hubo bebés en carriolas, niños en bicicleta, adultos caminando y corriendo. El mensaje quedó claro: la violencia de género no es un problema de «otras», es un flagelo que puede tocar cualquier puerta.

Cynthia Gallardo Guerrero, coordinadora de la Red, fue tajante: «No nos victimizamos pero sí lo visualizamos» . Una frase que resume el espíritu del evento: visibilizar sin victimizar, actuar sin esperar permiso.

Pero aquí viene el truco, y es que no todo es lo que parece. Detrás de esta convocatoria hay una historia que pocos cuentan: la violencia que viene de afuera disfrazada de reclamo legítimo. Son cientos de mujeres periodistas las que, día a día, enfrentan violencia física, psicológica y digital… de políticos y de la propia sociedad civil.

Sí, de quienes deberían entender que el trabajo periodístico no es un servicio a la medida.

La violencia física llega cuando una cobertura incomoda y el «reclamo» se convierte en intimidación en la calle, en empujones en una rueda de prensa, en esperarte a la salida del trabajo. La psicológica es más frecuente: el chantaje emocional de quien se siente agraviado porque la nota no favoreció sus intereses, las llamadas a medianoche «para aclarar», el acoso sutil de quien cree que el periodista debe ser vocero, no contraparte.

Y la digital… ah, la digital es el patio de juegos favorito de la impunidad. Comentarios venenosos en redes, difamación disfrazada de «opinión ciudadana», linchamientos virtuales organizados desde cuentas falsas o, peor, desde perfiles de funcionarios y líderes de opinión que no soportan que una mujer les diga que no. Todo porque no fueron tomados en cuenta «como se debe», porque la nota no les dio la cinta que querían, porque la periodista prefirió la verdad sobre su versión.

El periodismo femenino en el sur de Tamaulipas ya es una trinchera peligrosa por la violencia del crimen organizado y la política partidista. Pero cuando el golpe viene de quienes se ostentan como «ciudadanía vigilante» o «servidores públicos», la herida duele diferente. Es hipocresía con sabor a impunidad. Es el cinismo de quien ejerce el poder y, al no controlar el relato, prefiere destruir a quien lo construye.

Por eso esta carrera no fue solo un evento deportivo. Fue un acto de resistencia doble: contra la violencia machista que nos mata a todas, y contra la violencia institucional y ciudadana que nos silencia. Porque Cynthia Gallardo y su Red saben algo que muchas callan: no es solo el crimen organizado el que nos pone el pie; es también el político ofendido, el líder de barrio que no soporta una pregunta incómoda, el empresario que cree que su financiamiento compra líneas editoriales.

El respaldo político y social fue notable. Desde la presidenta municipal Mónica Villarreal Anaya (representada por la regidora Silvia Olvera) hasta diputados locales, autoridades educativas y organizaciones de la sociedad civil como Pilares de la Salud, todos sumaron. Incluso Tránsito de Tampico y Servicios Médicos estuvieron presentes con ambulancia incluida.

La pregunta que queda flotando, como la brisa de la laguna, es si estos eventos trascienden el día del evento o se quedan en bonita postal. Por ahora, las periodistas del sur de Tamaulipas dieron el primer paso —literalmente— para que la conversación no se apague. Y ojalá ese paso incluya, de una vez por todas, que la sociedad entienda que la prensa libre no es enemiga, es espejo. Y a veces, lo que se ve en el espejo, no gusta.

fotografías tomadas del Bolígrafo del Sur y de Facebook.