• 16 de julio de 2024 1:47 pm

Ciudad de México, julio de 2024. El huracán Beryl azotó la península de Yucatán en las primeras horas del pasado viernes 5, causando estragos en varios países caribeños como Jamaica y San Vicente y las Granadinas. Con la posibilidad de intensificarse mientras avanza por el Golfo de México, Beryl ha dejado a su paso un rastro de devastación humana, económica y medioambiental.

Aunque los ciclones tropicales son fenómenos naturales, su creciente intensidad y los daños que provocan están estrechamente relacionados con el cambio climático. El Dr. Bernardo Bastien, destacado científico mexicano, explica: “El clima está cambiando y muchos fenómenos naturales se están volviendo más intensos. Los huracanes obtienen su energía de los océanos, y estos, al estar más calientes por el cambio climático, generan huracanes más potentes, con vientos más veloces y lluvias torrenciales.”

El Sexto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC, AR6) confirma un aumento en la intensidad de los ciclones tropicales, especialmente en las categorías más altas (4 y 5), y proyecta que esta tendencia continuará, con un incremento del 7% en intensidad por cada grado Celsius adicional de temperatura.

En México, el cambio climático es una realidad que afecta a miles de personas cada año. El aumento en la frecuencia y magnitud de incendios forestales, sequías, inundaciones, erosión costera y fenómenos meteorológicos extremos como los huracanes pone en riesgo a comunidades vulnerables. El Bosque en Tabasco es un claro ejemplo de cómo la erosión costera y otros impactos acumulativos del cambio climático aumentan el riesgo y el impacto de estos desastres naturales.

La pregunta urgente es: ¿quién debe pagar los costos de estos daños? Las corporaciones petroleras y de combustibles fósiles, que son responsables de una gran parte de las emisiones de gases de efecto invernadero, deberían asumir la responsabilidad financiera por los daños causados. Estas empresas deben cubrir los costos de refugios, reubicación de personas y otras medidas necesarias para mitigar la crisis climática que han exacerbado. Sin embargo, en ausencia de esta responsabilidad corporativa, los gobiernos se ven obligados a absorber estos costos para garantizar la protección de los derechos humanos de las comunidades más vulnerables.

Aurea Sánchez, residente de El Bosque en Tabasco, expresó: “Cuando escuchen sobre una tormenta tropical o un huracán en el Golfo de México, piensen en nuestra comunidad, en nosotras y en nuestros hijos.” Sus palabras subrayan la necesidad urgente de que los actores responsables del cambio climático asuman su parte en los costos de los desastres que han ayudado a intensificar.

Enfrentar la crisis climática requiere acciones decisivas y justas, con la responsabilidad compartida equitativamente entre quienes generan los gases de efecto invernadero y las comunidades que sufren sus consecuencias. Solo así se podrá construir un futuro más resiliente y equitativo para todos.