Altamira creció rápido, pero creció mal. Fraccionamientos levantados sin planeación, edificios sin salidas de emergencia, calles estrechas, falta de hidrantes y servicios básicos rebasados forman hoy un mapa de riesgo que las autoridades conocen… y han tolerado.
El fraccionamiento Canarios no es una excepción: es el síntoma más reciente de un modelo urbano fallido. La muerte de dos niñas en un incendio doméstico dejó al descubierto lo que vecinos han denunciado por años: vivir ahí es sobrevivir a la omisión institucional.
Documentos oficiales y declaraciones del propio Ayuntamiento confirman que muchos desarrollos habitacionales fueron autorizados sin cumplir estándares mínimos de seguridad. Otros crecieron mediante invasiones, rentas irregulares o ampliaciones verticales improvisadas, sin supervisión de Protección Civil ni Desarrollo Urbano.
El secretario del Ayuntamiento reconoció públicamente que: – Hay fraccionamientos sin hidrantes. – Existen edificios sin escaleras de emergencia. – Las salidas son insuficientes para una evacuación. – El crecimiento urbano fue “desmesurado”.
Pese a ello, no existen censos públicos de fraccionamientos de riesgo, ni inspecciones periódicas visibles, ni planes de corrección estructural. El Estado aparece solo después de la tragedia, cuando ya no hay nada que rescatar.
La pregunta no es si habrá otro incendio.
La pregunta es cuántas tragedias más se necesitan para que el gobierno asuma su responsabilidad preventiva.

