En el pleno del Congreso, la diputada Margarita Zavala solicitó un minuto de silencio por el fallecimiento de María Elena Álvarez de Vicencio, figura histórica del panismo y una de las promotoras de la agenda institucional de derechos de las mujeres en México. La petición fue respaldada por la Presidencia de la Mesa Directiva, que reconoció su trayectoria como “mujer extraordinaria” en el servicio público.
Álvarez de Vicencio fue senadora y diputada federal en cuatro ocasiones, además de presidenta de la Cámara de Diputados. Militante del Partido Acción Nacional, transitó por distintos órganos internos del partido y participó activamente en la construcción de la agenda femenina desde una perspectiva humanista y socialcristiana. Su carrera legislativa estuvo vinculada a reformas en materia laboral, combate a la corrupción, fortalecimiento del federalismo y consolidación municipal.
En el homenaje, Zavala destacó su papel en la promoción de los derechos de las mujeres y su participación en la delegación oficial mexicana que acudió a la Fourth World Conference on Women, conferencia que marcó un parteaguas en la agenda global de igualdad de género. La referencia no fue menor: situó a la exlegisladora en un momento clave del diálogo internacional que dio forma a políticas públicas en distintos países, incluido México.
El discurso combinó reconocimiento personal y reivindicación política. Se subrayó su labor como maestra —de primaria a universidad—, su formación católica y su convicción de que el servicio público debía orientarse al “bien común”. También se destacó su impulso para que nuevas generaciones de mujeres asumieran la política como espacio propio, en un contexto en el que la representación femenina era aún marginal.
El homenaje no estuvo exento de carga simbólica. Zavala evocó la idea de que las mujeres en cargos públicos “están sobre los hombros de otras mujeres”, una narrativa que articula memoria histórica y continuidad política. Con ello, el tributo trascendió la dimensión partidista y se insertó en una genealogía más amplia de la participación femenina en la vida pública nacional.
Desde el punto de vista institucional, el minuto de silencio funcionó como acto de reconocimiento transversal. Aunque Álvarez de Vicencio fue una figura claramente identificada con el PAN, su legado fue presentado como parte del proceso democrático que permitió la pluralidad y el avance de los derechos políticos de las mujeres en México.
El mensaje deja una lectura clara: más allá de las diferencias ideológicas, la construcción de la agenda de igualdad ha sido resultado de trayectorias diversas y, en ocasiones, poco visibilizadas. La despedida en tribuna no sólo honró a una exlegisladora; también recordó que la política mexicana contemporánea se edificó sobre generaciones que abrieron espacios en un entorno históricamente adverso para las mujeres.


