• 22 de enero de 2026 2:35 am
Noticias y Acciones Relevantes desde Tamaulipas y otros lugares

A ras del suelo: Vigilar no es pacificar

PorREALIDADESMX

Ene 18, 2026

Por: Lidia Rita Bonilla Delgado

​Desde las alturas del poder, el panorama siempre luce bajo control. Pero a ras del suelo, donde la realidad no tiene filtros, el panorama es distinto. Es ahí donde el o la ciudadana común percibe que la paz no es una estadística de oficina, sino una sensación de seguridad que hoy se siente cada vez más frágil.

​El 2026 arranca con una paz que parece moneda de cambio. Donald Trump ha convertido el comercio en una bayoneta, imponiendo aranceles a Europa por sus movimientos militares en Groenlandia, mientras crea una «Junta de Paz» que suena más a vigilancia que a mediación. La paradoja es cínica: se asfixia la economía en nombre de la estabilidad. En ese tablero, donde las sanciones sustituyen al diálogo y la tensión con Irán escala, la fuerza ya no solo se mide en misiles, sino en tarifas y control de cielos.

​Esa sombra geopolítica alcanzó a México con el aterrizaje, casi furtivo, de un avión militar estadounidense en Toluca. La justificación fue el consabido libreto de la «cooperación bilateral». Sin embargo, en una nación con la piel sensible a la presencia extranjera, el silencio gubernamental fue un error estratégico. Lo que arriba se firma como un trámite, abajo se traduce en sospecha. La soberanía no se defiende solo en los tratados, se defiende con transparencia, algo que brilló por su ausencia.

El control como espejismo

​Donde la política interna muestra su rostro más punitivo es en el nuevo registro obligatorio de celulares. Bajo la promesa de frenar la extorsión, el Estado exige ahora nuestra identidad vinculada a un chip. Desde arriba, lo venden como orden; a ras del suelo, se siente como una claudicación. Es transferirle la responsabilidad de la seguridad al usuario, obligándolo a entregar sus datos privados mientras la delincuencia, que siempre halla la forma de evadir la burocracia, sigue operando. Es el control sobre el ciudadano honesto ante la incapacidad de controlar al criminal. Una vez más, la vigilancia se disfraza de solución.

​Esta dinámica de control contrasta con el discurso en Tamaulipas. El gobernador Américo Villarreal insiste en que “la paz es el camino” y muestra cifras de reducción de delitos. Pero mientras se celebran las Estaciones Seguras en las carreteras, el episodio del avión en Toluca nos recuerda que la seguridad del país tiene hilos que se mueven fuera de nuestras fronteras. La coordinación es necesaria, pero sin claridad, la fortaleza parece dependencia.

La paz del día a día

​En el sur de Tamaulipas, la paz no se discute en Washington ni en la Ciudad de México. Se mide cada mañana en el esfuerzo de los trabajadores que salen como hoy, bajo la pertinaz lluvia y el frío, enfrentando un tráfico lento y unidades de transporte llenas. Para ellos, la seguridad no es un registro de celular ni un vuelo militar; es la certeza de que el trayecto al trabajo sea puntual y que el regreso a casa será tranquilo, que la luz no fallará y que la autoridad estará presente no para fiscalizarlo y extorcionarlos, sino para protegerlos del clima y del delito.

​Desde arriba, el avión fue un vuelo autorizado y el registro de celulares es una base de datos.

A ras del suelo, ambos son recordatorios de que el poder prefiere vigilar que explicar, y que la paz, para ser real, necesita menos burocracia y mucha más honestidado

imagen generada con Gemini IA