Primer Plano Magazine/Noé Juan Farrera Garzón. – Entre los tesoros arquitectónicos que resguarda Chiapas, existe una interesante hipótesis que ha despertado el interés de historiadores y amantes del patrimonio cultural: los templos de San Marcos, en Tuxtla Gutiérrez; Santo Domingo, en Chiapa de Corzo; y San Esteban, en Suchiapa, podrían compartir el trabajo de los mismos maestros constructores dominicos que participaron en la evangelización de la región durante los siglos XVI y XVII.
Aunque hasta el momento no existe un documento histórico que identifique a un único arquitecto responsable de las tres edificaciones, especialistas como el historiador chiapaneco Roberto Ramos Maza, han señalado las notables coincidencias estilísticas, técnicas y cronológicas que las convierten en auténticos «monumentos arquitectónicos hermanos».
La historia de estos templos está estrechamente ligada a la llegada de la Orden de Predicadores, mejor conocida como los dominicos, quienes recibieron licencia real en 1548 para establecer conventos y desarrollar su labor evangelizadora en Chiapas y Guatemala. Como parte de este proceso, impulsaron la construcción de iglesias que, además de cumplir una función religiosa, se convirtieron en referentes urbanos y culturales de las comunidades indígenas y mestizas de la época.
El majestuoso Templo y Ex Convento de Santo Domingo, en Chiapa de Corzo, fue edificado entre 1554 y 1572 bajo la dirección de fray Pedro de Barrientos y fray Rodrigo de León. Considerado una de las joyas arquitectónicas más importantes del estado, combina influencias mudéjares, renacentistas y elementos del arte gótico, reflejando la riqueza artística de la Nueva España.


Por su parte, el origen del Templo de San Marcos, hoy Catedral Metropolitana de Tuxtla Gutiérrez, también se remonta al siglo XVI. Sus primeros trazos arquitectónicos muestran una clara influencia dominica y mantienen semejanzas con las construcciones religiosas desarrolladas en la antigua Chiapa de los Indios y Suchiapa.
En tanto, el Templo de San Esteban, en Suchiapa, formó parte del programa evangelizador dirigido a los llamados «pueblos de indios». Algunos historiadores destacan que comparte características constructivas con otras iglesias dominicas de localidades como San Juan Chamula y Teopisca, conservando una arquitectura sobria y funcional que responde al mismo modelo de organización religiosa de la época.
Las similitudes entre los tres inmuebles van más allá de la cercanía geográfica. Los especialistas identifican el uso del estilo mudéjar-renacentista, la incorporación de ladrillo en diversos elementos constructivos, techumbres de madera, plantas basilicales, arcos interiores y soluciones arquitectónicas propias de los talleres dominicos que trabajaron en la región durante la época colonial.
Estas coincidencias fortalecen la teoría de que los mismos maestros de obra o grupos de constructores participaron en los distintos proyectos religiosos, siguiendo lineamientos comunes impulsados por la Orden Dominicana para consolidar la evangelización del territorio chiapaneco.
Hoy, recorrer estos tres templos representa mucho más que visitar edificios históricos. Significa descubrir una ruta patrimonial que enlaza a Tuxtla Gutiérrez, Chiapa de Corzo y Suchiapa a través de más de cuatro siglos de historia, arte y tradición, permitiendo apreciar la evolución de la arquitectura colonial y comprender el papel que desempeñaron los dominicos en la conformación del patrimonio cultural de Chiapas.
Esta conexión arquitectónica invita a viajeros, investigadores y apasionados de la historia a explorar una de las expresiones más valiosas del legado colonial del estado, donde cada templo conserva una identidad propia, pero también comparte una historia común que continúa fascinando a quienes descubren la riqueza cultural de Chiapas



