El atropellamiento de un felino en Altamira expone la omisión sistemática de las autoridades federales y estatales ante una crisis de conservación que ya tiene nombre propio: impunidad ecológica
Por: Redaccion con información de Rufino Aguilera
Altamira, Tamaulipas | 5 de junio de 2026
El cadáver que nadie vio venir
El cuerpo sin vida del lince rojo (Lynx rufus) yacía a un costado de la carretera Tampico-Mante, a la altura de la localidad de Cuauhtémoc, en el municipio de Altamira. No había señales de frenado. No había testigos que detuvieran al conductor. Solo había un felino muerto, otro más en la larga lista de víctimas que el Estado mexicano parece incapaz —o simplemente no quiere— de proteger.
El hallazgo, realizado por integrantes de un grupo de observación de fauna silvestre, no sorprendió a nadie en el sur de Tamaulipas. Los ambientalistas de la región ya habían documentado, meses antes, la muerte de un yaguarundí atropellado en Gómez Farías, otro felino que comparte el mismo destino trágico en las carreteras del estado. Lo que sí los indignó fue la respuesta institucional: la misma de siempre. Ninguna.
La ley que existe, pero no se cumple
En marzo de 2021, la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad —456 votos a favor— la adición del artículo 22 Bis a la Ley de Caminos, Puentes y Autotransporte Federal, que por primera vez en la historia legislativa mexicana obligaba a la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) a contemplar pasos de fauna en el diseño de nuevas carreteras y en la modernización de las existentes.
El decreto, publicado en el Diario Oficial de la Federación, define con precisión técnica qué es un paso de fauna: estructuras transversales que permiten el tránsito seguro de animales salvajes a través de carreteras y autopistas, mitigando la fragmentación del hábitat y reduciendo la mortalidad por atropellamiento.
Pero hay un problema que la ley no resolvió: las carreteras que ya existen.
La carretera Tampico-Mante, donde murió el lince rojo, fue construida décadas antes de que existiera el artículo 22 Bis. No tiene pasos de fauna. No tiene señalamiento preventivo. No tiene reductores de velocidad en zonas de corredores biológicos. Y, lo que es peor, no hay un programa federal de retroactivación que obligue a la SICT a intervenir en vías ya operativas que atraviesan áreas de alta biodiversidad.
El Instituto Mexicano del Transporte (IMT) lo admite con crudeza en su publicación técnica más reciente: «Aquellas carreteras que no se sometieron a un estudio de impacto ambiental, y su evaluación correspondiente, carecen de medidas de mitigación orientadas a disminuir las consecuencias negativas en el medio ambiente».
Un observatorio que no observa
En 2015, el IMT lanzó el Observatorio de Movilidad y Mortalidad de Fauna en Carreteras (WATCHMX), una plataforma digital que permitiría a ciudadanos reportar atropellamientos y cruces de fauna mediante fotografías georreferenciadas. La herramienta, disponible en web y aplicación móvil, prometía generar mapas de calor, identificar puntos críticos y alimentar la toma de decisiones de la SICT.
El resultado, casi una década después, es un fracaso anunciado.
Según el propio IMT, entre diciembre de 2015 y enero de 2021, la plataforma acumuló apenas 109 registros en todo el país. Para ponerlo en perspectiva: el INEGI documentó que, solo entre 1997 y 2020, se registraron 35,854 colisiones vehículo-animal en México, de un total de 9.1 millones de accidentes automovilísticos.
La brecha es abismal. Y la razón es simple: el subregistro es sistémico. Cuando un conductor atropella un animal y no hay daños al vehículo, simplemente sigue su camino. El cadáver es retirado por el personal de mantenimiento de la carretera, quien anota la tarea en su bitácora operativa pero no genera un reporte de incidente. No hay base de datos. No hay estadísticas. No hay responsabilidad.
El IMT lo reconoce sin ambages: «Esta deficiencia de información fue el origen del Observatorio». Pero el Observatorio, con sus 109 registros en seis años, no ha logrado revertir la tendencia. Las aplicaciones móviles de WATCHMX fueron retiradas de las tiendas digitales en 2017. La difusión ha estado «limitada a los recursos de comunicación del IMT». Y el principal reto, según admite la institución, sigue siendo la identificación de especies, porque el IMT «no cuenta con personal para realizar tal tarea».
La NOM-059 y la ficción de la protección
El lince rojo (Lynx rufus) no está catalogado como especie en peligro de extinción en la NOM-059-SEMARNAT-2010. Es una especie sujeta a protección especial, lo que en la práctica significa que puede ser objeto de aprovechamiento extractivo. De hecho, entre 2015 y 2023, la SEMARNAT autorizó la caza de 536 ejemplares de lince en Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA), incluyendo 256 ejemplares solo en Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila en 2012.
La ironía es cruel: el Estado permite la caza legal de linces en «unidades de conservación», mientras omite protegerlos de la muerte segura en las carreteras que él mismo construyó y mantiene.
El lince rojo habita en Tamaulipas desde el nivel del mar hasta los 3,657 metros de altitud, en bosques de coníferas, matorrales y selvas bajas caducifolias. Es un mesocarnívoro clave para el control de poblaciones de roedores y conejos. Su muerte no es solo una pérdida individual: es una fractura en la red trófica de un ecosistema que ya sufre la presión de la urbanización, la pérdida de hábitat y, ahora, la infraestructura vial sin mitigación.
La SICT y su manual que no aplica
En junio de 2021, la Dirección General de Servicios Técnicos de la SICT publicó el «Manual para el Diseño de Pasos de Fauna Silvestre en Carreteras», un documento técnico que establece lineamientos detallados: desde la ubicación de pasos inferiores de 20 metros de ancho para grandes mamíferos, hasta la adaptación de alcantarillas para fauna de talla mediana, pasando por la instalación de cercas perimetrales, reductores de velocidad y señalamiento preventivo.
El manual es ejemplar. Pero es un manual para carreteras nuevas. No dice nada sobre la carretera Tampico-Mante. No dice nada sobre las decenas de miles de kilómetros de vías federales que atraviesan corredores biológicos sin una sola medida de mitigación. No dice nada sobre quién paga la retroactivación. No dice nada sobre quién fiscaliza.
Mientras tanto, la SICT sigue construyendo y modernizando carreteras. El Macrolibramiento de Guadalajara tiene pasos de fauna. La carretera Villahermosa-Escárcega tiene pasos de fauna. Pero el sur de Tamaulipas, donde la biodiversidad es igual de rica y la presión vial es igual de intensa, sigue esperando.
El costo de la omisión
Los ambientalistas de Altamira no piden limosnas. Piden lo que la ley ya establece: pasos de fauna, señalamiento, reductores de velocidad y, sobre todo, voluntad política. Su exhortación a los conductores —disminuir la velocidad, extremar precauciones— es necesaria pero insuficiente. No puede recaer sobre la ciudadanía la responsabilidad que corresponde al Estado.
El atropellamiento del lince rojo no fue un accidente. Fue la consecuencia predecible de una política pública que privilegia la velocidad del tránsito sobre la velocidad de la vida silvestre. Fue el resultado de una SICT que tiene leyes, manuales y plataformas digitales, pero que no tiene la capacidad —o la voluntad— de implementarlos en el territorio real.
El felino de Cuauhtémoc no murió solo. Murió acompañado por la indiferencia institucional, por la ausencia de datos, por la falta de presupuesto para mitigación retroactiva y por la comodidad de un conductor que siguió su camino sabiendo que, en México, atropellar fauna silvestre no tiene consecuencia legal.
Hasta que eso cambie, los linces seguirán muriendo. Y el Observatorio WATCHMX seguirá contando 109 registros, mientras el INEGI documenta 35,854 colisiones.
La diferencia entre esos dos números no es solo estadística. Es la medida exacta de nuestra omisión.
Fuentes consultadas: Diario Oficial de la Federación (art. 22 Bis Ley de Caminos), Instituto Mexicano del Transporte (WATCHMX), INEGI (estadísticas de accidentes 1997-2020), SICT (Manual de Pasos de Fauna),


