• 6 de mayo de 2026 9:07 pm
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Los guardianes naturales del aje y el santuario que Chiapa de Corzo dejó perder

PorREALIDADESMX

May 6, 2026
  • El destino del insecto dorado depende de tres árboles que hoy luchan por sobrevivir.
  • Sin el jocote, el piñón y el timbre no hay laca tradicional. Descubre la ruta del insecto que huyó de la ciudad para refugiarse en la selva baja.

Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón.- La laca tradicional de Chiapa de Corzo no inicia en un taller, sino en la corteza de tres árboles específicos que funcionan como el hogar y alimento de un pequeño pero poderoso aliado: el insecto Coccus axin. Según la información técnica compartida por el maestro artesano Segundo de Jesús Suárez Coutiño, la producción del aje —la grasa vital para el laqueado— depende de un equilibrio ecológico perfecto que hoy enfrenta un desafío crítico de supervivencia.
Existen tres especies arbóreas fundamentales que fungen como hospederas de esta «cochinilla» técnica: el jocote, el piñón y el timbre. Estos árboles no solo brindan sombra; su savia y la estructura de su corteza son las únicas capaces de sostener el ciclo de vida del insecto. El maestro Suárez enfatiza que cuidar estos árboles es, en realidad, cuidar la existencia misma de la artesanía, ya que sin este ecosistema, el insecto simplemente desaparece.
Históricamente, este proceso era parte del paisaje urbano y agrícola de Chiapa de Corzo. Como bien recuerda la memoria colectiva y testimonios como los de César Armando Blanco Macías, hubo una época en la que los terrenos de la actual unidad deportiva, repletos de árboles de jocote, eran centros de cultivo controlados por familias locales. Sin embargo, el crecimiento urbano y la falta de preservación de estas especies provocaron un fenómeno alarmante: Chiapa de Corzo dejó de ser un productor y cultivador de este insecto.
En la actualidad, el misticismo de la metamorfosis del aje ha tenido que migrar. Al haberse extinguido los cultivos locales en la cabecera municipal, los artesanos deben buscar la materia prima en zonas de selva baja y municipios vecinos como Venustiano Carranza, Totolapa y algunas regiones de la Frailesca, donde el piñón y el timbre aún crecen de forma silvestre y libre de la contaminación urbana.
El llamado que hace el maestro Segundo Suárez es urgente: la laca es una cadena donde cada eslabón cuenta. Si no protegemos el jocote, el piñón y el timbre, estamos condenando al aje a la extinción y, con ello, apagando para siempre el brillo de la laca tradicional. La conservación de estos árboles es la única garantía de que las futuras generaciones de Chiapa de Corzo no tengan que importar su identidad de otros municipios, sino que puedan volver a cultivarla en su propia tierra.
La próxima vez que veas un árbol de jocote o un piñón, recuerda que no solo dan frutos o sombra; en sus ramas podría estar gestándose el ingrediente secreto que ha hecho famosa a nuestra tierra por siglos. ¡Protejamos nuestra selva baja!