Porque entre medallas, ballet y discursos de «transformación», a la gente le sigue faltando pavimento, empleo y que le quiten la basura de Playa Miramar
Ciudad Madero, Tamps.— Erasmo González Robledo subió al templete del 102 aniversario de la ciudad como quien sube a dar clase: solemne, pausado, hablando de «legado», «identidad histórica» y «mejor futuro». El problema es que afuera del evento protocolario, en la calle, la gente no anda pidiendo poesía. Anda pidiendo que le quiten la montaña de arena que lleva meses en Playa Miramar, que le arreglen los baches que destrozan el carro, y que alguien les explique por qué siguen cobrando impuestos por servicios que no reciben.
La ceremonia, encabezada por el alcalde, reunió a los de siempre: diputados, jueces, regidores, y hasta autoridades de la zona conurbada. Entre ellos, Mónica Zacil Villarreal, Olga Patricia Sosa Ruiz, Humberto Prieto y Tania Contreras. Todos bien vestidos, todos aplaudiendo en su momento, todos sonriendo para la foto. La cronista municipal, Carolina Infante Pacheco, contó cómo Villa Cecilia se hizo ciudad en 1930. El Ballet Folklórico Yacatecutli bailó. Y al profesor Calixto Méndez le dieron la medalla «Candelario Garza» por su trayectoria educativa. Bonito todo. Muy emotivo. Muy Instagram.
Pero aquí está el detalle: cuando terminaron los discursos, cuando se fueron las cámaras y cuando los asistentes volvieron a sus camionetas con chofer, la ciudad siguió exactamente igual que antes de las 10 de la mañana.
«Transformación» sin transformar nada
González Robledo habló de «fortalecer la identidad histórica», de «recordar de dónde venimos», de construir «un mejor futuro». Palabras bonitas. Palabras que suenan bien en un micrófono y que no cuestan ni un peso del presupuesto municipal. Lo que no dijo —y esto es lo que le duele a la gente— es cuántos empleos va a generar, cuándo va a arreglar la calle que lleva tres años destrozada, o qué va a hacer con la inseguridad que tiene a los comerciantes de Miramar con el corazón en la mano.
Y no es que el alcalde no tenga con qué presumir. En su Primer Informe, de diciembre pasado, sacó cifras impresionantes: 215 millones de pesos en infraestructura, 3,100 empleos generados, 28 ferias del empleo, microcréditos por montones. Pero ahí está el truco de la política moderna: las cifras las pones en el informe, las lees en el Congreso, y luego la realidad te las desmiente en la playa, en el mercado, en la parada del camión.
Porque si todo eso fuera cierto, ¿por qué los comerciantes de Playa Miramar —la «joya turística» del municipio, según el propio alcalde— andan diciendo que este es el peor gobierno que han tenido? ¿Por qué denuncian que la arena se acumula, que la basura no se recoge, y que cuando piden ayuda les responden con burocracia o con nada?
La respuesta está en la calle, no en los discursos.
La paradoja de Erasmo: de «AMLO es peligroso» a «yo soy el peligro»
Y aquí viene lo jugoso. Erasmo González Robledo no es un político cualquiera. Este señor, en su época de opositor, se paraba en tribunas y decía con toda seriedad que Andrés Manuel López Obrador era «un peligro para México». Lo decía convencido, con el dedo índice levantado, como quien advierte de un incendio. La historia, como suele pasar en la política mexicana, le dio una vuelta de tuerca: el «peligro» lo hizo diputado, y luego lo hizo alcalde.
Hoy, desde Playa Miramar, la gente empieza a hacer la misma pregunta que él hacía antes, pero con otro sujeto: ¿y ahora quién es el peligro?
No es ideología. No es izquierda contra derecha. Es mucho más básico: es que el gobierno no limpia, no arregla, no responde. Y cuando un alcalde que llegó prometiendo «transformación» no puede ni transformar una playa, pues la gente empieza a sospechar que la única transformación real fue la de él: de opositor a morenista, de crítico a candidato, de promesa a decepción.
El huachicol, la sombra que no se va
Y si el abandono de los servicios fuera poco, hay un fantasma que le sigue pisando los talones a este gobierno: el huachicol. Erasmo fue quien, en su momento, involucró a Morena en el robo de hidrocarburos, señalando al exdirigente nacional Mario Delgado. Hoy esos señalamientos le regresan como boomerang. En Tamaulipas, donde el crimen organizado y el petróleo se mezclan desde hace décadas, cualquier vínculo —aunque sea político, aunque sea de palabra— pesa. Y pesa más cuando tu gestión no da resultados tangibles que la gente pueda ver y tocar.
No se necesita ser experto para entenderlo: cuando un alcalde no puede presumir calles pavimentadas, empleos reales o playas limpias, cualquier rumor, cualquier sombra del pasado, se vuelve más grande. Y en este caso, la sombra tiene nombre de combustible robado.


