• 14 de abril de 2026 5:35 pm
Noticias y Acciones Relevantes desde Tamaulipas y otros lugares

«México toma el volante de la movilidad latinoamericana»

PorREALIDADESMX

Abr 14, 2026

El nombramiento de Nicolás Rosales en la UITP abre una ventana histórica para transformar el transporte público en la región

Por Federico X Gómez

RealidadesMx | 14 de abril de 2026

En el corazón de una de las crisis más silenciosas de nuestras ciudades —el colapso gradual del transporte público—, México acaba de dar un golpe de timón inesperado. La elección de Nicolás Rosales Pallares como vicepresidente senior para América Latina de la Unión Internacional de Transporte Público (UITP) no es solo un nombramiento institucional: es una señal de que el país está dispuesto a liderar la reconstrucción de uno de los pilares fundamentales de la vida urbana en la región.

La UITP, organización centenaria que agrupa a más de 2,000 actores del sector movilidad en el mundo, ha confiado en un mexicano para representar los intereses de una América Latina que atraviesa su momento más crítico en materia de transporte. La votación casi unánime del Comité Ejecutivo Regional —14 de 15 miembros— habla no solo del prestigio personal de Rosales, presidente de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM), sino del reconocimiento implícito de que México puede —y debe— jugar un papel protagonista en esta transformación.

La crisis que no vemos (pero todos sufrimos)

El transporte público latinoamericano enfrenta una tormenta perfecta. La pandemia aceleró una caída de demanda que aún no se revierte. El automóvil privado, lejos de ser una solución, ha colonizado nuestras calles hasta el punto de asfixiarlas. Las plataformas digitales de movilidad, mientras tanto, compiten sin regulación en un mercado que desconoce las externalidades sociales y ambientales. Y bajo todo esto, los sistemas formales de transporte —esos que deberían ser el backbone de la equidad urbana— luchan por sobrevivir financieramente.

Pero hay un problema más profundo, casi estructural: el persistente modelo del «hombre-camión», ese esquema informal donde la propiedad individual de unidades y la explotación laboral han sido norma durante décadas. Rosales ha sido explícito al señalar que la formalización del sector no es opcional: es condición de posibilidad para cualquier transformación real. Sin empresas formales, no hay capacidad de inversión en tecnología. Sin profesionalización, no hay mejora en la calidad del servicio. Sin condiciones laborales dignas, no hay attractivo para nuevas generaciones de trabajadores —y mucho menos para las mujeres, cuya inclusión en el sector sigue siendo dramáticamente baja.

Cinco ejes para una revolución silenciosa

El programa que se vislumbra desde la UITP y la AMTM apunta a una transformación multidimensional:

  1. Recuperar confianza (y usuarios)
    No se trata solo de volver a los niveles prepandemia de ridership. Se trata de reconstruir el contrato social entre el transporte público y la ciudadanía: frecuencias confiables, unidades limpias, seguridad real —no prometida— y atención al usuario que reconozca la dignidad de quien viaja en colectivo.
  2. Modernización tecnológica
    GPS, sistemas de pago inteligente, información en tiempo real. Lo que en otras latitudes es estándar, aquí sigue siendo excepción. La modernización no es lujo: es eficiencia operativa y transparencia.
  3. Electromovilidad
    La transición a flotas eléctricas no es solo una meta ambiental. Es una oportunidad de salto tecnológico que puede reducir costos operativos a largo plazo y mejorar la calidad del aire en nuestras ciudades, donde la contaminación vehicular mata más que muchas enfermedades que sí aparecen en titulares.
  4. Profesionalización con perspectiva de género
    El transporte público no puede seguir siendo un reflejo de desigualdades sociales. La incorporación de mujeres en todos los niveles —desde la operación hasta la dirección— no es cuestión de cuota: es enriquecimiento institucional y mejora del servicio.
  5. Integración con la planeación urbana
    El transporte no existe en el vacío. Su eficacia depende de cómo planificamos nuestras ciudades: la densidad, la mixtura de usos de suelo, la conectividad entre modos. La movilidad sostenible es, en última instancia, urbanismo.

El próximo Congreso Internacional de Transporte (17CIT), que se realizará del 7 al 9 de mayo en el Instituto Politécnico Nacional, será la primera prueba de fuego de este liderazgo renovado. Allí, Rosales no solo representará a México: representará las aspiraciones de una región que necesita urgentemente salir del atraso en materia de movilidad.

Lo que se discuta en esos tres días no debe quedar en actas académicas. Las propuestas deben traducirse en políticas públicas concretas, en inversiones reales, en marcos regulatorios que empoderen a los sistemas formales de transporte frente a la competencia desleal y la informalidad.

Una oportunidad histórica (que puede desvanecerse)

El peligro de los nombramientos brillantes es que brillan solo un día. La verdadera medida del liderazgo de Rosales —y del compromiso de México con esta agenda— no será el titular de su elección, sino los cambios tangibles que logre impulsar en los próximos años.

La ventana de oportunidad está abierta, pero el tiempo corre en contra. Las ciudades latinoamericanas crecen en desorden. La contaminación aumenta. La inequidad espacial se profundiza. Y millones de personas —las que no tienen automóvil, las que dependen del colectivo para llegar al trabajo, al estudio, a la vida— esperan que alguien, finalmente, tome el volante con determinación.

México tiene ahora esa responsabilidad. Que no sea solo un nombramiento. Que sea el inicio de una transformación.

¿Qué opinas? ¿Crees que el transporte público en tu ciudad puede recuperarse? Comparte tu experiencia en los comentarios.