Por Redacción
El anuncio fue presentado como una noticia de alto impacto económico: más de 2 mil millones de pesos para la construcción de 1,232 viviendas en Ciudad Madero. El alcalde Erasmo González Robledo destacó que el desarrollo Costa Clara representa uno de los proyectos inmobiliarios más relevantes del municipio.
Sin embargo, detrás de la narrativa oficial emejrgen interrogantes que no pueden ignorarse.
I. El contexto urbano
Ciudad Madero forma parte de una zona conurbada históricamente expuesta a:
Inundaciones.
Saturación de drenaje.
Presión en infraestructura hidráulica.
Expansión inmobiliaria fragmentada.
El crecimiento urbano en Tamaulipas ha seguido un patrón nacional: fraccionamientos cerrados en la periferia, con servicios privatizados y poca integración al tejido urbano existente.
II. ¿Vivienda social o negocio inmobiliario?
El proyecto no se describe como vivienda de interés social. La inclusión de amenidades como alberca y pádel sugiere un mercado de ingresos medios y altos.
Mientras tanto, el rezago habitacional en México afecta principalmente a familias en condiciones de vulnerabilidad. La política pública debería priorizar soluciones accesibles, no enclaves exclusivos.
El derecho a la vivienda implica:
Habitabilidad.
Accesibilidad económica.
Seguridad jurídica.
Servicios básicos garantizados.
No basta con construir casas; se requiere garantizar derechos.
III. Agua: el recurso crítico
La coordinación con COMAPA fue destacada como garantía de viabilidad. Sin embargo, no se hizo público ningún estudio técnico detallado sobre disponibilidad hídrica.
El caso de Monterrey en 2022 dejó claro que la expansión inmobiliaria sin planeación hídrica puede detonar crisis sociales profundas.
La pregunta central es simple:
¿Puede la infraestructura actual soportar más de mil nuevas viviendas sin afectar a colonias ya existentes?
IV. El modelo de ciudad fragmentada
Los fraccionamientos privados:
Generan segregación espacial.
Limitan el acceso universal a espacios públicos.
Incrementan dependencia del automóvil.
Dificultan integración social.
En ciudades como Cancún, este modelo consolidó profundas brechas territoriales entre zonas turísticas y colonias populares.
V. Impacto económico real
La inversión generará empleo en construcción. Pero históricamente, estos empleos son temporales.
El beneficio estructural depende de:
Planeación integral.
Aumento de base tributaria.
Sustentabilidad de servicios.
Sin ello, el municipio podría enfrentar mayores costos de mantenimiento e infraestructura a mediano plazo.
VI. Cambio climático y riesgos
El sur de Tamaulipas enfrenta eventos hidrometeorológicos intensos. La expansión urbana debe considerar:
Estudios de impacto ambiental.
Mapas de riesgo.
Sistemas de drenaje pluvial robustos.
Sin transparencia en estos puntos, la sostenibilidad del proyecto queda en duda.
Si bien es cierto, Costa Clara puede representar inversión y dinamismo económico. Pero también puede profundizar desigualdades si no se inserta en una política urbana basada en derechos humanos.
El debate no es inversión sí o no.
El debate es: ¿qué ciudad se está construyendo y para quién?

